05/11/15 Kuang Si waterfalls.

Nos levantamos pronto, dejamos las mochilas preparadas y pedimos al hombre de la guesthouse que nos las guarde. No es que nos dé mucha confianza hacer esto pero… no nos queda otra.

Hoy vamos a ver las cascadas de Kuang Si que están a casi 30 km. Así que cogemos la moto y nos ponemos en marcha.

Las carreteras aquí son peores si cabe, que las carreteras en Tailandia. ¡Qué botes!

Al llegar nos hacen pagar parking: Bicis 1,000 kip y motos 2,000 kip.

La entrada a las cascadas nos cuesta 20,000 kip por cabeza (algo más de 2€). 12193819_1224672570883614_2233943395231200254_n

Nada caro para ver un sitio tan bonito.

Lo primero que encontramos al entrar es un centro de
rescate de osos. Son rescatados de cazadores furtivos, y protegidos del comercio de bilis de oso muy común en la medicina asiática. Una vez que están recuperados, los osos vuelven a su hogar. Aunque el lugar está dentro del parque, no reciben ningún porcentaje de la entrada que pagamos al entrar.

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En las cascadas que visitamos en Erawan, casi nos quedamos sin ver el final por no calcular bien el tiempo, así que decidimos primero ir hasta arriba, y luego bañarnos a la bajada. Naturaleza e insectos varios nos acompañan en el camino, ¡no podemos parar de echar fotos!

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Y al final, llegamos a la última cascada del parque.

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Tenemos que subir un rato más para bordearla y bajar por el otro lado (que tiene bastante pendiente).

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Cuando bajamos, nos paramos en la cascada que nos parece más divertida. Tiene un tronco desde el cual se puede saltar al agua (bastante fría, por cierto). Samuel no dudó en tirarse varias veces. A mi, me costó más de un intento. Al final, con más de 20 personas silbando y animándome a que saltara, conseguí hacerlo. ¡Yupi!

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Antes de marcharnos de la zona, pasamos a ver un mariposario que hay allí. Es un centro que abrieron un matrimonio de holandeses para estudiar y proteger algunas de las especies de mariposas que allí habitan. No pudimos aguantar las ganas de echar fotos a estos preciosos insectos y pagamos los 30,000 kip que valía la entrada. ¡Qué bonitas son!

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Antes de que se hiciera muy tarde, cogimos la moto y volvimos a la guesthouse a por nuestras mochilas (qué alivio ver que seguían allí).

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Hay unos 3km hasta la estación. Es de noche, y Samuel está hecho polvo, ha cogido algo de frío. Aún así decidimos ir andando. Unos 15 minutos después de empezar el camino, un tuktúk nos ofrece llevarnos por 5,000 kip (0,55€ más o menos), claramente aceptamos.

Nos sentamos a esperar, es pronto aún, son las 19h, y un turista empieza a charlar con nosotros. Y ¡sorpresa! (que aquí en Laos “no hemos tenido” suficiente emoción), el hombre nos dice que son 11 horas hasta Vientiane, que hasta Vang vieng, que es donde vamos nosotros, son 6h. (¡Me cago en….!)

Si leísteis el diario de ayer, el hombre de la taquilla nos dijo que eran 10 horas hasta Vang Vieng, dado que el autobús salía a las 20:30h amaneceríamos allí y buscaríamos una guesthouse, pero, con la nueva información nos damos cuenta de que llegaremos sobre la 02:30 de la madrugada. Y… como para ponerte a buscar guesthouse a esas horas, pff…

Rápidamente me dirijo a la ventanilla a quejarme. El hombre me dice que me entiende pero que el dinero no es reembolsable, que podemos comprar otro billete para mañana, pero después de insistir en que no es nuestra culpa, acceden a cambiarnos el billete para mañana, por lo que tenemos dos opciones:

– Quedarnos una noche en una guesthouse que hay en la estación e irnos por la mañana a Vang vieng

– O, irnos directamente a Vientiane.
Al final, algo resignados, optamos por la segunda opción.

El autobús llega a las 20:00h. Nunca habíamos ido en un “Sleeping bus” y nos pareció divertido, aunque las camas eran enanas, tenían el aire condicionado en posición “polo norte” y el autobús se movía más que un barco. Vamos que cómodo, cómodo… no es. Pero es toda una experiencia.

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Para coger el sueño nos vimos la película de “Hacia rutas salvajes” (En serio, aunque vayamos con una mochila recorriéndonos el sudeste asiático, cuando ves esta película… te dan ganas de coger la mochila, ¡otra vez!)

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