10/11/15 Konglor Cave.

Hemos hecho bien en venir aquí.

Desde que hemos entrado en Laos, hemos tenido sentimientos diversos y ninguno realmente bueno. Queríamos algo más auténtico, un poco de calma. Y este pueblecito perdido es lo que buscábamos.

A parte del paisaje hay un lugar que queríamos ver, y es la cueva de konglor. Una cueva de unos 8 km de largo, por la que atraviesa el río.

Hemos cogido las mochilas pequeñas y nos hemos puesto rumbo a la cueva. Si vais, no tardaréis mucho. Se encuentra a un kilómetro del pueblo. Eso sí, echaros protección solar por litros ¡qué sol!, como decía Samuel “Aquí fabrican el calor”.

No tardamos en llegar, nos cobran 2000 kip a cada uno (0’22€) por entrar al parque.

Para entrar en la cueva, deberemos ir con un guía en un bote a motor. Nos cuesta 100000 kip el bote y 10000 kip por persona por entrar a la cueva (Algo más de 13€ en total). En el bote pueden ir hasta tres personas sin contar con el guía.

Nos dan un chaleco inflable, metemos nuestra mochila en la bolsa estanca para que no se moje nada, y nos ponemos nuestros frontales.

Nuestro guía no nos hace demasiado caso. Tira el sólo hacia la cueva sin decirnos absolutamente nada.

Una vez que llegamos a la entrada de la cueva, nos montan en el bote y empieza la aventura.

La verdad es que es increíble. ¡La cueva es enorme!. Cuando pasamos cerca de las paredes, vibran y el agua hace un sonido muy extraño, como si decenas de pájaros volaran al lado nuestra.

Nos paran en una zona que han iluminado, en la que podemos andar por la cueva y ver estalactitas y estalagmitas.

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Volvemos al bote y vamos hasta el final de la cueva. Se ve mucha luz y de repente… naturaleza. Mucha naturaleza. Es muy bonito.

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Paramos en la orilla del río 10 minutos. Lo cierto es que esta parte no nos gustó mucho. No te da tiempo a ver nada y tienes que esperar sin hacer nada.

Tuvimos un “intenso” debate sobre si el ruido que sonaba en los árboles (un ruido estruendoso y repetitivo, como si fueran bicicletas oxidadas, que te taladraba la cabeza) eran pájaros o insectos. Samuel defendía que eran pájaros. Gané yo.

Volvemos al bote y de vuelta a la otra parte de la cueva. Esta vez no paramos. Y antes de salir, vemos unos 15 o 20 murciélagos en el techo de la cueva. ¡Creía que no iba a ver ninguno!

En vez de volver con el guía, le damos los chalecos y nos quedamos en una zona del río preciosa. Hay una roca enorme desde la que saltamos al río. Se está taaaan agusto.

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Nos volvemos a la guesthouse, tenemos mucho hambre, y comemos allí y nos echamos un rato.

Hoy no hacemos mucho más. Por la noche intentamos trabajar un rato, pero la conexión es bastante mala, así que al final desistimos.

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