Marrakesh día 2: Tortura en el Hammam

Nos despierta la llamada al rezo a las 6 de la mañana. Por si no sabéis como va el tema, son unos altavoces con un tío gritando-cantando cosas en árabe. Mi cara fue un poema. Casi me da un algo pensando que pasaba algo.

Nos levantamos a eso de las 8:00H y subimos a desayunar a las 9:00H.

El desayuno estaba muy rico y había cantidad. Además el chico que nos atendió era muy agradable.

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Como os decía, no hicimos ninguna excursión. Lo cierto es que con el poco tiempo que íbamos a estar, no nos merecía la pena hacer ninguna. Aunque me hubiera encantado ver el desierto.

Decidimos hacer un poco de turismo y el primer sitio que decidimos ver (y el que más ganas tenía de ver) es el “Jardin Majorelle”.

Cogemos un taxi que, como el día anterior, nos intenta cobrar un montón. Pero el chico del hotel ya nos había dicho que no pagáramos más de 30Dh (algo menos de 3€) en total, para ir hasta allí. Nos costó, pero al final pagamos eso.

La zona está algo alejada del centro, pero no tardamos más de 10-15 minutos creo recordar.

Puedes elegir comprar entrada sólo para los jardines que os costará 70Dh (algo más de 6€), o comprar otra que incluye el museo Berebere y la entrada a lo que era la casa del diseñador Yves Saint Laurent por 180Dh (Unos 16€).

Nosotras cogimos la entrada solo para los jardines.

La verdad es que el lugar es precioso. Mucho colorido y vegetación. Y un azul intenso en la casa-museo. Un sitio muy fotogénico.

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Si os soy sincera viajeros, en el van trip por Europa se nos había estropeado el obturador de nuestra 70D y no nos llevamos la otra réflex, por lo que todas las fotos las hice con el móvil. Eso quiere decir que llevaba sin tocar la réflex más de un año. Y me dio mucha rabia porque no conseguía hacer las fotos que quería hacer. Encima el sitio era un poco complicado por los contrastes (mucha luz por la hora y mucha sobra por toda la vegetación). Aún así conseguí alguna foto bonita.

De allí, aprovechamos el viaje en taxi para acercarnos a “El palmeral”. No, (después de la chapa que os he metido con el turismo responsable), no fuimos a montar a camello. Fuimos porque yo quise ir a echar un par de fotos para poder hablaros sobre el tema después.

 

Después pedimos al taxista que nos llevara hasta la mezquita. La kutubía o Koutoubia. Creíamos que se podía entrar, pero no. Así que se acabó el ver monumentos por hoy.

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Comimos al lado, en el restaurante “Kif-Kif”. También tiene terraza desde la que podéis comer con las vistas de la mezquita.

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Decidimos probar cosas típicas, así que pedimos un plato con varias ensaladas morunas (una de berenjena, otra de zanahoria y otra de tomate que recordaba al pisto), un cous-cous y un tajín de carne. Me encanta probar cosas nuevas, pero no soy muy fan de la comida marroquí. Aunque la comida estaba muy buena y las ensaladas me gustaron mucho. No recuerdo cuánto nos gastamos, algo más que ayer, pero son precio bastante asequibles.

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Por la noche nos apetecía ir a probar un Hammam (baños).

Allí puedes ver el Hammam que utiliza todo el mundo, que es algo así como baños públicos. Y luego hay otros enfocados más al turista que son más tipo “spa”.

Vimos uno cerca del Riad que tenia muy buena pinta: “Hammam Ziani”, pasamos a informarnos del precio y qué incluía. Tampoco era muy barato, eran 350Dh e incluía baño, baño turco, exfoliación, arcillas y masaje.

Tampoco me pareció una ganga, a día de hoy y más con apps como groupon encuentras muchas ofertas por el estilo.

Pero bueno, después de tanto regateo nos apetecía algo de relax, y encima cerquita riad.

Ay! viajeros… lo que nos esperaba. El sitio tenía buena pinta, y la verdad es que no nos imaginábamos lo que nos deparaba la experiencia:

1-  Nos pasan a una sala para cambiarnos. Dejamos nuestras cosas en las taquillas y nos dan una cesta con una albornoz. Mojado. ¿Y las chanclas? podías elegir entre las renegrías o las más renegrías. Un saquito vaya.

2- Nos hacen quitarnos el albornoz y nos pasan a la sala de vapor o baño turco. Hay tres zonas donde te puedes tumbar, en las cuales hay unos plásticos de florecitas que daban la impresión de llevar millones de años sin cambiarse. Al tumbarnos y sentir una sensación gelatinosa estuvimos seguras de ellos y de que nos íbamos a llevar con nosotras toda esa proliferación de hongos. La situación era bastante graciosa, porque a parte del asco, había unos círculos que te permitían oír a la otra persona como si la tuvieras encima y aunque hablaras en bajo. Así que nos entró la risa tonta y no podíamos parar de reír.

3- Entre arcada y risa, las tres señoras nos pasan a unos camillas donde nos exfolian. Al menos los guantes de exfoliar eran nuevos. A mi nunca me han exfoliado de arriba a abajo y la verdad es que es bastante doloroso. Además, la mujer que me había tocado era en general muy bestia. Me recordaba a la profesora de la película de Matilda (en lo que a persona basta se refiere). A mi compañera Oiana la exfoliaron con bastante más cariño. Tanto, que le exfoliaron bastantes veces lugares que jamás deberían ser exfoliados. Las mujeres hablaban francés por lo que no entendían lo que decíamos. Oigan nos iba contando su experiencia “orgásmica” mientras nosotras nos partíamos el culo. Las mujeres flipaban.

4 – Después de la exfoliación, las mujeres nos bañan a cubazo limpio y frotándonos. Nosotras tres en tetas y sin poder parar de reír (por no llorar).

5 – Nos secamos y nos pasan a la sala de masaje. Según Karina su masaje fue bien, el de Oiana fue una violación la cual nos iba retransmitiendo y la mía fue una tortura en el que todo fue dolor. A esto hay que añadir que las mujeres estaban entradas en carnes y tenían unas tetas enormes, al ponernos boca arriba y empezar a tasajearnos nos hicieron lo que nosotras denominamos “un panda” y es que nos plantaban los tetamenes en toda la face pudiendo respirar a duras penas. A eso también hay que añadir que el olor a sobaco de las mujeres (sobre todo cuando se ponen en tu cara) fue muy desagradable. Y no, no creo que fuera aromaterapia.

6 – Nos pasan a la sala del baño donde se supone que nos iban a poner arcilla en el cuerpo. Lo único que nos untaron fue barro aguado que probablemente era barro de la calle y que tenía un olor bastante desagradable.

7 – Nos pasan de nuevo a la sala de vapor donde nos vuelven a tumbar pero envueltas en plástico. Parecíamos una escena de la serie Dexter, solo que con barro en vez de sangre. Sinceramente, yo duré poco. Nos levantamos.

8 – Por último, las mujeres nos vuelven a bañar. para quitarnos el barro esta vez nos frotan. Con una esponja. No era nueva. Asco joder, asco.

A todo esto tengo que añadir, que dos o tres días después estando en Madrid, empecé a sentir unos picores horribles en la espalda y de repente vi que tenía toda la espalda repleta de arriba a abajo de cientos de granitos rojos. ¡Puaj!

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En fin, nosotras igualmente le dimos una propina a nuestra masajista. Hay que decir que las mujeres eran majas (la de Oiana demasiado) y que suponemos que esas mujeres estarán ahí todo el día haciendo lo que les dicen que tienen que hacer.

Pero os pido que ¡no vayáis a este lugar!

Después de esta mega maravillosa experiencia relajante, teníamos bastante hambre. Pero era súper tarde. Encontramos un restaurante en la plaza, que era el único que aun estaba abierto y pedimos algo para llevar. Fueron muy majos.

Y después de este día tan largo… toca descansar.

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