Archivo de la categoría: Camboya

19/12/2015 – De vuelta a casa. Fin del viaje.

Como escribía antes, salimos a las 5 de la mañana. Tuvimos que andar un poco para conseguir un taxi que nos llevara al aeropuerto.
El avión salió a su hora. Hicimos una parada en Moscow como estaba previsto, donde todo el mundo iba a con abrigos y gorros de piel y fuera estaba nevado, pero nosotros íbamos con nuestra ropa hippie y fresquita de Tailandia. La gente nos miraba raro.

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Nos tocó esperar 4 horas antes de volver a embarcar.

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Llegamos a Málaga sobre las 22 de la noche del día 19 en España.

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16/12/2015 – Una mala noticia

Nos levantamos sobre las 6 y media. Desayunamos y nos ponemos a limpiar la playa. No para de salir basura ¡nunca acaba!
Comemos con la familia, nos echamos a dormir un rato y nos volvemos a ir con Yvone a dar una vuelta al pueblo.

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Decidimos, que ya que vamos a estar un mes en la isla, sin wifi ni nada, íbamos a comprar una tarjeta de datos, para poder contactar con la familia y poder subir todas las semanas un video.

Cenamos con la familia y echamos algunas fotos

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Al llegar a la habitación, Samuel enciende el móvil y recibe un mensaje que le había enviado su hermana hace un día o dos, diciendo que a su madre le habían diagnosticado leucemia.
Fue un palo muy grande.
Rápidamente contactó con su familia y les dijimos que llegaríamos lo antes posible.
Didier nos ayudó mucho, contactó con una persona que nos llevaría al día siguiente al otro lado de la isla.
Hicimos la mochila y pasamos la noche como pudimos.

15/12/2015 – Voluntariado en Yvone

Hicimos la mochila lo más rápido posible. La pareja canadiense también se marchaba, pero ellos iban a seguir con su viaje por otro lado. Nos despedimos y os fuimos a la otra parte de la isla.
Al llegar el hombre nos enseño nuestra casita. ¡qué maravilla!
El suelo era de madera pero las líneas entre tablón y tablón, te dejaba ver como el mar chocaba con las rocas y del suelo subía una brisa fresquita increíble. El sonido tranquilo del agua, una cama grande y limpia y ventilador.

 

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El hombre nos dijo que descansáramos pues tenia que hacer cosas y que luego nos explicaría que teníamos que hacer.
Al tumbarnos en la cama nos invadió una sensación de placer… caímos rendidos hasta las 10 o así que llegó Didier el dueño.
Junto con la mujer (que es un cielo) nos explican que necesitan ayuda para limpiar la playa, pues allí en Camboya absolutamente todo, se tira al mar. Así que nos ponemos al lío.
Aunque la playa es muy pequeñita, hay una cantidad grandísima de basura. ¡es increíble!

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Trabajamos hasta las 14h más o menos y luego paramos. Nos vamos con la pequeña a dar una vuelta al pueblo y por la noche cenamos.
La comida estaba riquísima y toda la familia era encantadora. ¡nos sentimos taaan bien aquí!

 

10-14/12/2015 – Voluntariado en Belinda Beach, Koh Sdach.

Y no, no mejoró. Los siguientes 4 días fueron ¡la peor experiencia del viaje!.
Para resumiros un poco, el lugar no estaba abierto al público. Llevaba como un año cerrado, en el cual había estado sin ningún tipo de cuidado.
Nos hacen trabajar 5 horas al día, en trabajos bastante pesados. Nos hacen limpiar la playa y después tapar un agujero enorme que ha hecho el mar, con la arena de la playa, cosa que no es posible, pues no hay arena suficiente. Así que cavamos y cargamos kilos y kilos de arena para nada. Tenemos las manos destrozadas y trabajamos al ritmo de una canción de esclavos que nos inventamos “Moving the hole” para hacerlo más ameno.
En el jardín no es mucho mejor, pues eso parece una selva. Hay que quitar maleza, cortar ramas, raíces, de todo y sin el material adecuado. Nos apareció una serpiente de metro y medio mientras trabajábamos.
También había que encargarse de la piscina, que estaba vacía y llena de moho. Frotar, limpiar y reparar las maderas, sin tener maderas ni clavos nuevos.

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La comida. Hay uno que debe encargarse todo el día de hacer el desayuno, comida y cena al resto del grupo en una cocina llena de cucarachas.
Por las noches era peor aún, pues el generador resulta que sólo lo encienden dos o tres horas por la noche, lo suficiente para tener luz en la zona común durante la cena y poder darte una ducha. Pero luego lo apagaban, así que estábamos en las mismas, habitaciones a oscuras, por lo que no podías hacer nada (evidentemente tampoco trabajar, pues no había wifi sin luz), y te morías de calor.
Nosotros tuvimos que optar por juntar dos sofás roñosos que había en la habitación para tener algo más de espacio, pero nos levantábamos llenos de picaduras de chinches. Además de lombrices, mosquitos y bichos varios.

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No podíamos entrar en vuestro propio baño porque había una araña o tarántula gigantesca. Jamás había visto una así en persona. Así que no pasábamos para nada. Yo lloré de lo angustiada que estaba, de verdad.

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Evidentemente esto no compensaba, ¿5 horas de trabajo y qué recibimos a cambio? Nada. No podemos disfrutar de las instalaciones, no nos dan las cosas básicas, la comida es poca cosa y además nos la tenemos que cocinar… pero aguantamos unos días porque nos habíamos gastado mucho dinero en extender la visa.
Lo único bueno que sacamos fue conocer a la pareja de Canadienses y polacos, con los que nos reíamos un montón, nos íbamos a pasear por el pueblo, a echar fotos para nuestros blogs, y a comer helados de coco por 0,25 céntimos.

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La última noche además, nos pasamos horas hablando y riendo.

El último día en Belinda Beach, fuimos a pasear como todas las tarde al pueblo y encontramos un lugar precioso. Era una zona de guesthouse, pero eran preciosas, como pequeñas casetas de madera sobre el mar, una pequeña playa y restaurante.

Lo llevaba un francés que hace años se había casado con una camboyana, y tenían una niña preciosa, Yvone, que le da nombre al lugar.
Estuvimos hablando con él y contándole lo que nos había ocurrido.

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Nos dijo que él nunca había tenido voluntarios y que le gustaría probar, asi que le ofrecimos venirnos con él. Ya podemos marcharnos de Belinda Beach.
Pasamos una última horrible noche allí. Estaba deseando que amaneciera.

9/12/2015 – Llegada a Koh Sdach

Recogemos nuestras mochilas, pagamos la habitación y salimos hacia el Royal Pier. No sabemos si tendremos barco o no.
Al llegar nos encontramos con Juan, un español que conocimos a la salida de Dondet y que también se dirigía a Koh Sdach.
Tuvimos suerte, pues nos indican que hoy salía barco a la isla. Pagamos al hombre del barco unos 15 o 20 dólares por cabeza y subimos al barco. No hay más turistas, vamos junto con los trabajadores y toda la mercancía.

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Después de unas 4 horas llegamos a Koh Sdach. Está empezando a anochecer, y no sabemos exactamente dónde hay que ir. La gente no habla inglés apenas y no hay ningún tipo de indicación para llegar al resort.
Tres españoles en medio de la nada, de noche  y sólo con la luz de un frontal y un móvil. Tardamos varias horas en encontrar el resort, pero al final lo encontramos.
Al llegar, nos encontramos a los dueños y a otras tres parejas que serán voluntarios con nosotros. Una pareja canadiense, otra Belga y otra polaca. Ya han terminado de cenar y por lo que parece no hay luz. Nos dicen que hay un el generador, así que nos dan un par de frontales y nos muestran nuestra habitación.
¡Qué asco de habitación joder!
Está llena de trastos, polvo y suciedad. El colchón, sin sábanas ni nada, llena de agujeros (supongo que de ratas) y sin mosquitera. Además es un colchón pequeño, no para dos. Y sin electricidad no hay ventilador. Os podéis imagina el calor que pasamos. El Baño además, sin agua, pues sin generado tampoco hay agua, el wc medio roto, y todo super sucio también.

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A ver si la cosa mejora mañana, porque madre mia.

8/12/2015 – Royal Pier

Hoy no hacemos mucho, por la mañana nos vamos al Royal Pier, un puerto que sólo es de mercancía, no es turístico, pero es el único que nos puede llevar hasta Koh Sdach. La isla donde vamos a hacer el voluntariado.
Hay poquísima información sobre cómo llegar a allí, y la poca que te dan es bastante confusa, así que escribimos a los dueños del resort y nos explicaron qué hacer.
En el royal Pier nos confirman que sale un barco a Koh Sdach, pero nos indica que hay días en los que sale y días en los que no. Así que mañana iremos un poco a la aventura.
Compramos algo de comer y pasamos el día en la habitación trabajando un poco y descansando.

7/12/2015 – Alta y vuelta a Sihanoukville

Por la mañana traen una carta a Samuel para que pida algo para desayunar. Más tarde nos avisan de que el doctor está aquí. Revisa a Samuel y al rato lo bajan a una sala donde le hacen la otoscopia.
Le limpian el oído bien para quitar toda la pus que lo tapona y le mandan varias pastillas, gotas, etc.
Cuando subimos a la habitación nos indican que tiene que llegar la confirmación del seguro para que nos den el alta y nos podremos ir, pero… ¿no nos van a llevar de nuevo?
Vuelvo a pedir ponernos en contacto con el seguro, y le explicamos que son las 5 de la tarde, y el último bus sale sobre las 16h de allí a sihanoukville, lo que significa que si no nos llevan, deberemos irnos a habitación y luego coger un bus al dia siguiente unas 5 horas con aire acondicionado motivo por el cual empezó a estar malo. ¡Y no llevamos tanto dinero encima! Dejamos todo en la guesthouse.
Al fin, nos contestan que nos pagarán un taxi hasta sihanoukville. Y en cuanto llega el email de confirmación del seguro a la clínica, nos dan los informes y las pastillas y nos dan el alta.
Tenemos que esperar a que venga el taxi, así que me paso por un restaurante cerca para comprar algo de comer. Yo llevo casi dos días sin comer y estoy muerta.
El taxi es un coche grande y cómodo, pero el viaje se hace muy pesado.
Al fin estamos en la guesthouse. Mañana nos quedaremos para ver si Samuel mejora y ver qué hacemos.

6/12/2015 – Seguro médico e ingreso de Samuel.

El slowboat salía sobre las 9 am. Samuel seguía hecho polvo.
Nada más llegar a Sihaunoukville, fuimos a coger habitación en el mismo sitio en el que estuvimos la otra vez e intentamos contactar con el seguro.
Como la otra vez, contactar por teléfono nos era imposible, así que les envié un email.

Tardaron varias horas en contestar, y algunas más en darnos una solución.
Al final, nos mandan a una clínica en Sihanoukville “CT Clinic”. Así que (ya de noche), cogimos un tuk tuk hasta la clínica.
Una vez que llegamos, la señorita del mostrador, nos indica que no nos va a poder atender porque tienen roto el aparato para hacer las otoscopias. Y nos indica que la única clínica que lo tiene es una en Phnom Penh, y que debemos ir allí.
¿Que qué?, Phnom Penh está a unas 4 horas de aquí. Y como le indicamos a la chica, no solo la distancia, si no que Samuel está con muchísimo dolor y si vamos a Phnom Penh tenemos que esperar a mañana, coger un bus (con aire acondicionado), e ir con las mochilas y todo.
Así que le dije que no aceptábamos eso y pedí que nos pusieran en contacto con el seguro.
Estuvimos horas intentando solucionar algo. Recibía llamadas de personas que no sabía ni quienes eran, además hablando en inglés y con mala cobertura.
No sé como lo hice, pero al final, hablando con ellos, nos dijeron que nos pagaban una ambulancia hasta la capital. ¡Menos mal!
Estamos agotados, son alrededor de la 1 am (alrededor de unas 15 horas después de haber contactado con el seguro, como para tener un accidente grave), y nos esperan 4 horas de viaje.
Las mochilas se quedan en la guesthouse que ya está pagada, vamos con lo puesto.
Llegamos sobre las 5 am a la clínica Khema. Según entramos, nos da algo de miedo. Una pequeña sala de espera, con camillas sólo separadas por unas cortinas y todo lleno de insectos.
La clínica ya tiene notificación de nuestra llegada, así que tumban a Samuel en una camilla para examinarle, mientras yo relleno los papeles para el seguro.
Le hacen un análisis de sangre en el que por poco me desmayo. ¡Qué manera de sacar sangre por Dios!
Finalmente nos indican que tienen una infección en el oído y que necesitará antibióticos, y que el médico que le hará la otoscopia no está hasta mañana. Así que nos dan la opción de volver mañana o que le ingresen. (dado que es una clínica de pago te lo tienen que preguntar, pero como tenemos seguro evidentemente pido que se le ingrese).
Todo cambia cuando nos suben a la habitación. Es privada, totalmente impecable, con baño propio, televisión, un sofá para que duerman las visitas, armario… ¡menudo cambio!
A Samuel le ponen varias vías con suero y antibióticos. El pobre está echo polvo. ¡qué estrés de día! Y encima no hemos comido absolutamente nada…

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A ver que ocurre mañana.

5/12/2015 – Samuel se pone malo.

Ayer no hicimos prácticamente nada. Samuel empezaba a estar regular, así que nos quedamos de relax en la habitación durmiendo y viendo pelis.
Pero hoy, Sam estaba bastante peor. Ya venía algo malo con el tema de los aires acondicionados, y creo que el agua del coral le ha causado una infección en el oído. Lo tiene taponado y con mucho dolor, así mañana tiraremos para Sihanoukville y contactaremos con el seguro.
Por la mañana mientras Sam dormía, me he ido a dar una vuelta por la isla a fotografiar. Luego compré los billetes de slowboat para mañana y algo para comer.

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Por la noche Sam estaba un poco mejor y salimos a darnos una vuelta. Nos encontramos con nuestros compañeros de habitación y otra gente que conocimos en la isla y estuvimos en un bar de cervezas y echándonos unas risas. Fue una buena noche de despedida.

 

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3/12/2015 – Boat Trip Koh Rong

Ayer pagamos un dinero por hacer un boat trip hoy, que durará 4 horas. En casi todas las tiendecillas lo ofertan, pero ésta nos pareció la mejor.
Pagamos 8 dólares cada uno, y nos incluye sorkel en una pequeña isla que hay cerca, pesca, cena, un par de cervezas o refrescos (aunque luego fueron más), parada en la playa que hay al otro lado de la isla y por la noche veremos el plancton luminiscente y fiesta en el barco.
Eramos unas 10 o 12 personas, más los tres que había en el barco.

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Lo primero que hacemos es ir a una pequeña isla que hay no muy lejos de donde estamos nosotros, a hacer snorkel.
Nos hace ilusión, aunque el coral allí está muerto. Hay muchos pececillos, pero todo el coral es oscuro y lleno de erizos.

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Al cabo de un rato nos hicieron subir, y nos llevaron un poco más lejos a pescar. Yo no había pescado en mi vida, pero Samuel sí, y consiguió pescar dos peces.

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Después de la pesca, nos llevaron a Long Beach, una playa que hay al otro lado de donde nos alojamos, y a la que si no vas en barco te costará hacer un trekking de una horita para llegar allí. (como dato, allí si que te puedes cruzar pequeñas serpientes venenosas, así que si optáis por el trekking para visitar la playa… llevaos botas de montaña).
La playa no tiene apenas nada, como su nombre indica es una playa larga, de arena blanca (aunque poca playa por los árboles) y el mar tranquilo.

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Atardecía ya y nos avisaron desde el barco para subir a cenar. Nos prepararon una pequeña barbacoa con lo que habíamos pescado entre todos, y algo de arroz y cervecitas.

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Una vez terminada la bbq, nos encienden una pequeña bola de luces que hay en el techo, ponen múscia y sacan más cerveza. ¡La fiesta está montada!.

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Luego pararon la música, apagaron luces y pararon el barco. Nos dijeron que nos metiéramos al agua y… ¡parecía que éramos hadas! Todo lleno de motitas brillantes azules, cómo si fuera purpurina o algo así. Molaba mucho.
Sí que es verdad, que al ver fotos en internet del plancton luminiscente, nos esperábamos una orilla azul brillante donde hacer fotos increíbles, pero pasa sólo escasos días al año. Aún así nos pareció increíble.
Estábamos de vuelta y era ya de noche. Nos fuimos a ducharnos y salimos otra vez.
Nos paramos en un bar llamado Island Boys o algo así en el que por 10 cervezas te regalaban una camiseta, así que cenamos allí, nos bebimos nuestras 10 cervezas y nos llevamos nuestra camiseta. Por cierto, la comida estaba muy rica allí.
Después nos encontramos con la gente que conocimos en el barco y os fuimos a tomar unas cervezas a un bar que había en la parte de arriba de la isla.

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