DIARIO DE VIAJE
Por fin llegamos al que va a ser nuestro último destino en Francia (de momento).
Ya antes de llegar, el paisaje es alucinante.
Es un poco tarde y está lloviendo. Así que damos un vuelta, preparamos la cena y a la cama que mañana queremos empezar a hacer cositas.
Nos levantamos tempranito para recoger todo y prepararnos. Hoy vamos a hacer una ruta en bici.
Para mi (Sam chica), es mi primera ruta en bici por montaña. Si os soy sincera, hasta hace poco a penas sabía montar en bici, así que esto va a ser todo un reto para mi.
Y tanto que es un reto… ¡la madre que me parió! ¡qué de cuestas! y de piedras…
Eso sí, la bajada… ¡me ha encantado!
Entre mi lentitud/torpeza y que nos íbamos parando a cada rato para hacer fotos, vídeos, stories, etc… mil años hemos tardado en llegar, y ni siquiera la hemos acabado. Pero nos lo hemos pasado muy bien la verdad. Y Pupi está más feliz que ninguno en la montaña.
Llegamos reventados. Comemos, descansamos un poco y nos arreglamos para ir a ver un rato Chamonix.
La verdad es que el pueblo es muy bonito.
Por cierto, si pasáis por allí, y decidís comprar un helado en un puesto que se llama “Chamon Ice”… ¡no lo hagáis! Qué dependienta más borde por Dios.
Hemos mirado para ir a ver el “Aiguille du Midi” pero cuesta 63 eurazos por persona, así que… pasando.
Mañana dependiendo del día que haga veremos que hacemos, aunque dan lluvia. Hemos pasado por información turística pero ya estaba cerrado (cierran a las 19:30), así que nos hemos vuelto a la furgo a descansar.
Al despertar hemos visto que hacía sol y hemos decidido hacer una ruta. Vamos a ir a ver el Glaciar de Bossons.
Preparamos todo, salimos con la furgo y… ¡Pum! ¿Qué narices ha sido eso?
¡No nos lo podemos creer! ¡nos hemos dejado el maletero abierto! ¿En serio?
Y lo peor de todo no es eso. Si visteis la camperización de nuestra furgo, sabéis que para que el maletero se mantuviera abierto con el peso de las bicis, teníamos dos barras metálicas en las barras del portón. ¡Pues se han ido a la mierda! y con ellas… la barra amortiguadora de uno de los lados… No salimos de una y ya estamos en otra, ¿¡cómo se puede ser taaan torpe!?
En fin, nos lo tomamos con un poco de filosofía y no paramos los planes. Nos vamos de ruta.
No sé si alguno de vosotros hace senderismo y si os pasa lo mismo, pero cuando vamos por la montaña… todos los males se pasan. Es una sensación de tranquilidad y bienestar que nos sentimos en otros sitios.
Una vez más, con el tema de fotos, vídeos… tardamos mucho más en llegar a los sitios.
Para ver el glaciar hay dos puntos de vista pero, cuando estábamos llegando al segundo, un chico nos dijo que si seguíamos otros 20 minutos hay otro mirados desde que el que se ve el glaciar mucho más cerca.
Así que le hacemos caso. No son 20 minutos, son más y ese tramo es algo más “complicado” pues el camino es menos visible y está muy cuesta arriba, pero conseguimos llegar.
Y chicos… es una pasada. Merece la pena subir.
En cuanto terminamos de hacer fotos y grabar, empezaron a sonar truenos y ¡chaparrón! con granizo incluido. ¡Qué manera de llover!
El camino de vuelta se hace largo. Yo llevaba un chubasquero que creía que era mejor y no… iba calada hasta los huesos. Lo pasé mal. Menos mal que Samuel me dejó un rato su chaqueta y entré un poco en calor.
Nada más llegar nos pusimos algo de ropa seca y fuimos a comprar algo de comer, que ya eran más de las seis y no habíamos comido nada desde las 9.
Toca descansar.