MI EXPERIENCIA VIP EN BALI

Imaginad por un momento un lugar al que deseéis ir. Un lugar de esos que está en vuestra lista de favoritos, pero que no os podéis permitir (ya sea por tiempo, por dinero, etc).

Y ahora, imaginad que alguien os dice que te vas a ir a ese lugar soñado con todos los gastos pagados.

Pues algo así me ocurrió a mi, y os cuento como.

Antes de empezar a trabajar en hostelería y viajar tanto, trabajaba en oficina.

Más concretamente, en una oficina de Madrid como gestora de cobros. Sí, reclamando deudas.

En el cual, pasé un total de siete años. Hasta que en verano de 2015 lo dejé para vivir otras aventuras junto con Samuel.

En primavera de 2013 nuestro coordinador nos reunió para hablarnos sobre nuestro cliente.

Dentro de la empresa trabajábamos con mucho clientes importantes, pero por aquel entonces yo y mi grupo llevábamos la cartera de un cliente de telefonía muy importante: Vodafone

El coordinador nos explicó que Vodafone había propuesto a la empresa un “incentivo” para el verano.

Era muy simple, quien durante los tres meses de verano consiguiera mejores resultados, se llevaría un viaje de una semana, con todos los gastos pagados y sin que contaran como vacaciones en la empresa. ¿A dónde? ¡¡¡A BALI!!!

No os podéis imaginar mi cara cuando mi coordinador terminó de hablar.

Me puse tan tensa, que me dieron ganas de llorar.

¿Tensa por qué? En este incentivo participaban varias empresas de recobros. De nuestra empresa solamente se irían dos personas. Una del turno de mañana, otra del turno de tarde. Y cada turno tenía la suficiente gente como para estar nerviosa. Y más, si sois como yo que cuando se me mete algo en la cabeza… ¡malo!

Mi competitividad llegó a tal punto que a veces salía más tarde, no me cogía descansos… llegué incluso a pedir que en vez de darme dos semanas de vacaciones me dieran una. Y la otra semana me la dejaría para más adelante. Si quería ganar, no me podía permitir irme dos semanas.

Para más inri, el compañero que iba ganando por la tarde, le pasaron al turno de la mañana. Por lo que la competición estaba muy, muy reñida!

Aunque bueno, ya sabéis como acabó.

Cuando Vodafone envió los resultados, yo estaba de vacaciones. Me llamaron desde la empresa para darme la noticia. ¡No podía parar de llorar y saltar!

Ahí estaba yo, con 23 años a punto de vivir uno de mis sueños.

El viaje estaba previsto para finales de Septiembre y principios de Octubre.

Solo había salido del país una vez, a Amsterdam. Así que me tocó sacarme el pasaporte.

También me informé a cerca de las vacunas, pero al haber tan poco tiempo de margen, no pude ponerme las vacunas necesarias. Iba un poco cagada, pero nos dijeron que no había que preocuparse.

 

COMIENZA LA AVENTURA

El 23 de septiembre nos juntamos en el aeropuerto de Madrid.

Éramos un grupo de al menos 30 personas. A parte, venían dos representantes de Vodafone, y la agencia que organizaba toda la experiencia del viaje: Laura y Miguel (Agencia Thai Dreams).

Si os soy sincera, no soy muy fan de los viajes en grupo. Y tampoco me llama la atención que esté todo organizado al milímetro. Me encanta la aventura. Es extraño, pues siempre he sido todo lo contrario. Me encanta que todo esté organizado y salga según lo planeado, pero… en tema de viajes no. Aún así estaba muy feliz.

Era un poco extraño ir con tanta gente y no conocer a nadie. Pero iba muy bien acompañada con mi compañera de empresa, Isabel (la ganadora del turno de tarde).

Volamos con la aerolínea Thai Airways. Si os digo la verdad, el avión más alucinante en el que he subido hasta la fecha. Tres filas de asientos, dos pasillos. Todo súper amplio, buena comida. Increíble la verdad. Ya empezábamos con los lujos. No estábamos en primera, pero es lo más parecido jaja.

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Aún siendo tan amplio, el vuelo se hizo muy largo. Fueron unas 16 horas, más una escala de 3 horas que hicimos en Bangkok.

Pero al fin, ¡Llegamos!

Aterrizamos en el aeropuerto de Denpasar, donde nos esperaba un guía (que nos acompaño todo el viaje), y un autobús que nos llevaría hasta nuestro hotel.

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El guía nos fue explicando un montón de datos de Bali, hasta que llegamos al hotel Meliá Bali, en Nusa Dua, donde nos alojaríamos esa semana.

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El hotel era enorme, y muy bonito.

Nos recibieron con un baile típico balines, y unos cócteles. Nos dieron las tarjetas de nuestra habitación y nos dijeron que esa tarde podíamos descansar o dar una vuelta hasta la hora de la cena.

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La habitación del hotel era preciosa, con una terraza al jardín enorme.

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Isabel y yo nos fuimos a pasear por los alrededores. Yo ya iba emparanoiada con las picaduras de mosquitos. Acabábamos de llegar y ya me habían picado unos cuantos.

La cena fue en el jardín del hotel. Buffet libre y espectáculo.

Aunque para espectáculo unos cuantos que terminamos bailando el ‘Gangnam Style’.

 

DÍA 2: TAMAN AYUN, CAMPOS DE ARROZ Y TANAH LOT. 

Aunque el viaje son pocos días, no os imagináis la de cosas que podíamos hacer en 24h.

El día empezó con desayuno en el hotel (un buffet más grande que mi casa entera).

Quedamos todos a la entrada del hotel y allí nos esperaban varios Jeeps. ¡Eran taaaan guays!!

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Si no recuerdo mal, la compañía que nos hacía el tour se llama “Waka Land Cruise

La primera parada que hicimos fue a pocos minutos en el pueblo para cambiar dinero.

La moneda aquí en Bali es la Rupia. Un Euro son como unas 14.000 Rupias, por lo que parece que eres inmensamente rico. ¡Qué cantidad de billetes!

Nos ponemos en camino al primer destino de hoy que es el Templo (o Pura) Taman Ayun. Se encuentra en el distrito de Mengwi. Fue creado en 1634.

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Lo que más me gustó: Las pagodas de diferentes alturas

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Lo más curioso: Un cartel que prohibía la entrada al templo a las mujeres que tuvieran el periodo.

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No se si a vosotros os pasará lo mismo, pero yo en este viaje tenía la cabeza loca. En el buen sentido.

Quiero decir, todo es tan distinto. La cultura, sus gentes, las casas, costumbres, idioma… ¡todo!

La cantidad de información que recibes es tanta que no puedes parar de alucinar todo el rato.

Una vez que vimos el templo, nos dirigimos a una zona bastante menos poblada.

Por el camino podías ver a un montón de niños que salían del colegio y te saludaban sonrientes. Me di cuenta de que aunque son países muy pobres, no les falta una sonrisa en la cara y una palabra amable.

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Llegamos a un lugar, una especie de bosque y nos dirigimos a ver de donde se cogían las piedras con las que construían muchos de sus templos. O eso me parece recordar.

Si os digo la verdad viajeros, estoy haciendo este post con todo el itinerario prácticamente de cabeza. Después de cuatro años hay muchas cosas que se olvidan.

Lo bueno es que como guardo absolutamente todo he podido hacer prácticamente todo el itinerario para contaros todo.

Continúo. Me quedé alucinada al ver a mujeres ya mayores cargando piedras pesadas sobre sus cabezas. Y descalzas.

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Me hizo pensar en la cantidad de mierda que tomamos (ya sea el ambiente contaminado, comida basura o medicamentos hasta la saciedad), que nos debilitan poco a poco. Aquí hay personas de 70 años que casi no pueden ni moverse, y allí en Bali veías a gente muy mayor haciendo trabajos muy duros. Da que pensar.

De allí nos llevaron a una casa /granja típica, donde nos dieron a probar el café de allí y unos dulces.

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Después, fuimos a visitar uno de los famosos campos de arroz. No recuerdo cual es el que fuimos a ver, pero muy bonito.

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Estuvimos paseando y haciendo algunas fotos hasta la hora de comer.

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Comimos en un restaurante en mitad de la selva. Creo que se llamaba “The Rainforest restaurant” o algo así y estábamos solos. Además es un restaurante al que tienes que ir específicamente, pues está totalmente oculto en la selva. Bambú, madera… y naturaleza. ¡Y la comida riquísima!

Otra cosa que me encantó del viaje es que la comida es genial. Al menos para mi.

Hubo gente que no lo pasó bien con la comida, pero a mi me encantaba. ¡Encima todo picante!

Cuando terminamos de comer, volvimos a los Jeeps.

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Nos llevaron a ver uno de los templos más famosos en Bali. El Pura Tanah Lot (o templo de la tierra y el mar).

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Lo curioso de este templo hinduista del siglo XVI es que al subir la marea se cubre casi por completo, impidiendo el acceso al templo. Pero sí se puede visitar cuando la marea baja.

Al lado también se puede visitar el santuario Batu Bolong.

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No entramos en ninguno, había muchísima gente. Pero hicimos algunas fotos desde fuera.

Paseamos por el mercado que hay allí, dónde vi el murciélago más grande que he visto en toda mi vida. Mediría al menos medio metro.

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Y nos llevaron a una terraza a disfrutar de uno de los atardeceres más bonitos de Bali. ‘Coco-cocktail’ incluido.

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¡Qué lugar tan bonito!

Llegamos cansadísimos al hotel, pero aún queda la cena. Cenamos en el mismo hotel: Atún rojo con ensalada de fruta asiática y vinagreta de tamarindo. Langosta marinada con ensalada y salsa de coco. Sorbete de Limón. Pechuga de pollo con salsas de curry verde y risotto de remolacha. Tarta de crema de queso con helado de canela.

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¡Casi na’!

Todo apuntaba a que nos íbamos a ir a dormir, pero me hice colega de un chico y dos chicas que estaban tan locos como yo.

Isabel se fue a dormir, y yo me quedé con ellos.

La verdad viajeros, un viaje así… ¡hay que disfrutarlo al máximo! ¡Ya habrá tiempo de dormir!

Nos pusimos a buscar donde conseguir algo de alcohol. En el bar del hotel era imposible, una botella eran unos 140€ la más barata.

Así que sin miedo ninguno, salimos del hotel.

Hasta ese momento, había un grupito que se nos había unido, pero al ver que íbamos a salir del hotel les entró el miedo.

Antes de hacer el viaje, estuve leyendo que la gente aquí es muy pacífica y que no habría ningún problema por salir del hotel, incluso de noche. Además, aquí las leyes son muy duras, por lo que no todo el mundo se atreve a delinquir.

Así los cuatros nos fuimos a buscar alcohol.

Como era la única que hablaba inglés, le pregunté a una persona que había fuera del hotel y nos dijo que a unos 15 minutos había una tienda.

DATO IMPORTANTE: En Bali, 15 minutos es como una hora. ¿Por qué? Ellos te hablan en distancia/moto. Sí, sí… en Bali hasta los niños de 10 años van en moto. Todo el mundo. Te miran raro si vas andando.

¿Como nos dimos cuenta? Por que tardamos una hora y algo en llegar a la tienda, para encima encontramos que lo único con alcohol que vendían eran unas botellas tipo Breezer de baja graduación. Y luego hora y pico para volver. Eso sí, nos echamos unas risas.

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Nos fuimos a la playa, donde se nos fue la noche de risas, jugando a juegos como si tupiéramos diez años… incluso nos bañamos en pelotas en la playa. ¡Hasta las 6 de la mañana!

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Cuando empezó a amanecer, decidimos que lo de dormir ya nada. Nos fuimos a la habitación a pegarnos una ducha y bajamos a desayunar.

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¡Café en vena! Eso desayuné, porque se me cerraban los ojos.

 

DÍA 3: BEDUGUL Y KUTA

La frase esa de “hay que aprovechar al máximo”, pesa un poco después de 24h sin dormir y sabiendo que te espera otro día tan intenso como el de ayer.

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Lo bueno es que la emoción te espabila rápido.

¿Sabéis que nos esperaba a la salida del hotel esa mañana?

Pues unos 15 Volkswagen clásicos. Creo que eran VW 181. Todos de colorines ¡¡Qué preciosidad!!

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Hoy, a pesar de mi cara de zombie y que no me veía muy bien… me subieron la moral durante todo el día.

Aunque obviamente no llamaba la atención por ser guapa, o tener buen cuerpo. Pero llevaba el pelo muy, muy rubio. Y muy largo. Cosa que a la gente de allí le alucinaba un montón.

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Nada más subirme al coche, los conductores me empezaban a decir “Miss World”. (Justo esa semana se estaba celebrando en Bali la gala de Miss mundo). Vergüenza Mode On.

Nuestra primera parada fue un pequeño templo del que no recuerdo el nombre. Aunque tampoco era un templo muy allá.

Nos dirigimos a la zona de Bedugul. Íbamos escoltados por coches de policía. ¡Yo estaba alucinando! Pero imagino que de otra manera hubiera sido imposible llegar, pues las calles allí son un verdadero caos.

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Como os decía antes, absolutamente todo el mundo va en moto.

La cosa es tan exagerada que ir en moto es incluso una actividad familiar. En esta foto se pueden ver motos con padre, madre y dos críos… y está tan lleno de gente porque ese día inauguraban una carretera. ¡Y eso es motivo para salida familiar en moto!

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Llegamos al templo Ulan Danu Batur, construido en el 1926 junto al lago Bratán. A los pies del volcán Batur.

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Nunca había estado tan cerca de un volcán.

Allí, mi segundo “momento” del día. Junto al templo había un grupo de hombres que según me dijeron vienen de lugares como la isla de Java, donde son musulmanes. Además, me dijeron que indonesia, está prohibido teñirse el pelo, por lo que cuando ven a algunos extranjeros, alucinan.

Y estaba yo, con mi super melena rubia, y una veintena de tíos agarrándome para que me hiciera fotos con ellos.

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Al principio me reí, pero llegó un momento que era bastante incomodo,

Había un hombre que estaba allí haciendo fotos instantáneas a los extranjeros, y de repente se puso a venderles fotos a esos tíos conmigo. ¡Yo flipando!

Y me acerqué a él y le dije, “Tú haces negocio conmigo, ahora tú me regalas una foto con el templo”

Y el hombre se rió, y me hizo la foto con el templo y me la regaló. Con su marquito y todo. Qué majo.

Algunos compañeros se partían.

Seguimos la visita por los alrededores, nos dejaron un poco a nuestro aire.

Yo, me paré en un lugar donde podías coger a una enorme pitón amarilla.

Siempre he querido coger una, así que pagué por ello. No recuerdo cuánto, pero no fue barato.

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Si os soy sincera, por aquel entonces no estaba tan concienciada con el tema animal y el turismo responsable como lo estoy ahora. Por lo que no tengo información del lugar. No se en que condiciones tenían a los animales. Pero probablemente, a día de hoy no lo hubiera hecho.

¡Viajar te enseña mucho! pero no se nace sabiendo.

Después de ver el templo comimos en un restaurante llamado ‘Pacung’ y volvimos al hotel.

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Nos dieron muy poco tiempo para que nos arregláramos un poco y llevarnos a cenar.

Tampoco recuerdo el nombre del restaurante, pero cenamos muy bien.

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Cuando acabamos de cenar, nos recogieron los autobuses.

De camino al hotel, el guía nos dijo que quien quisiese, podía bajarse en esa zona y coger un taxi hasta Kuta para salir un rato a tomar algo.

Todo el mundo se miraba, pero ¡nadie! se levantó.

Yo y el chico que se había estado juntando con nosotros estos días nos levantamos y bajamos del autobús. Pensamos que las otras dos chicas del grupo bajarían, pero no.

¡Qué aburrida es a veces la gente!

Los únicos que bajaron a parte de nosotros dos, fueron la pareja de la agencia de Vodafone, y la pareja de la agencia Thai Dreams. Nos invitaron a ir con ellos, y en ese momento sí agradecimos que no viniera más gente.

No pagamos nada.

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Nos llevaron al ‘Potato Head’ en Kuta. Un garito al aire libre alucinante.

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Nos sentamos en una de las camas, a orilla de la piscina. Y si mirabas un poquito más lejos veías el mar. ¡Había muchas olas! Era precioso…

Estuvimos tomando una copa y echándonos unas risas.

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Toca volver al hotel y descansar un poco que ya van casi dos días sin dormir.

 

DÍA 4: RAFTING POR EL RÍO AYUNG Y UBUD

Menos mal que hemos dormido algo, porque hoy toca aventura.

Nos llevan hasta Ubud, al ‘Bali Adventure Rafting’ donde vamos a hacer un rafting por el río Ayung.

Nunca había hecho rafting, y estaba algo cagada. Pero por otro lado estaba impaciente por hacerlo.

En cada balsa íbamos cuatro más el que iba dirigiendo el cotarro.

No sabéis lo que me pude llegar a reír con ese hombre. Cada vez que hablaba, te descojonabas.

Estuvo bien, porque hubo momentos de tensión. ¡No es tan fácil como parece!

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Pero una vez pasabas la parte más movida y podías centrarte en el paisaje… ¡Qué lugar chicos!

Como en las películas que van en una balsa por mitad de la jungla. Sonidos de pájaros y animales, lianas, acantilados súper altos y mucho verde. ¡Un paraíso!

Y al terminar, la cosa mejoró.

Llegamos al ‘Royal Pita Maha’ un hotel de lujo. Según bajabas de la balsa, ya estabas en el hotel, pues está en mitad de la naturaleza.

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El río, árboles, mucho verde… flores rojas de Hibiscus por todos lados. Piscinas naturales…

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Sinceramente, uno de los sitios más bonitos del viaje.

Nos llevaron a unas habitaciones, donde nos dejaron toallas y nos invitaron a bañarnos en unas piscinas naturales grandísimas, en mitad de la naturaleza.

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Son esos lugares que es imposible representarlos con una foto. Hay que verlo.

Después del baño, bajamos de nuevo. Nos habían preparado un buffet para comer. ¡Qué hambre!

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¡No quería irme de allí!

Para salir del hotel había que subir hasta la zona de arriba, por lo que nos tocó andar un rato.

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Una vez arriba, nos recogieron los autobuses que nos llevaron al mercado de Abud.

Este mercado es uno de los más grandes. Nos dejaron ir un rato a nuestro aire para hacer compras.

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Aquí en Bali sí que se puede regatear. Y mucho. Solo que necesitas mucho tiempo y paciencia.

Compre un montón de cosas a muy buenos precios. 200 pulseras de madera por 20€, pantalones a 0,20€.

No se si a día de hoy la cosa estará igual, pero era muy barato.

A eso de las cinco o cinco y media nos recogió el autobús y nos llevó hasta el hotel.

De nuevo, nos dieron un rato para ducharnos y arreglarnos, pues hoy también cenamos fuera.

Nos pusimos un poco guapos y nos llevaron a cenar al restaurante ‘Sakala’, un restaurante japonés que no tenía pinta de ser muy barato.

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Cenamos: Carpaccio de atún, lubina y un postre de chocolate, café, almendra y sorbete de frutos rojos que estaba riquísimo.

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Volvimos al autobús, pero de camino al hotel el chaval este y yo nos bajamos para comprar algo de alcohol y nos fuimos en taxi al hotel. Tocó noche de risas y ukelele (Sí, me compré un ukele aunque no tengo ni idea de tocarlo).

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Aunque esta vez, no aguantamos tanto. Se va notando el cansancio.

 

DÍA 5: ÚLTIMO DÍA. CATAMARÁN A LEMBOGAN Y BELAYU

Hoy es nuestro último día aquí. ¡Qué rápido pasa todo cuando se disfruta tanto!

Pero va a ser un día muy especial.

Por la mañana nos llevan al puerto de donde saldremos en un catarán privado hasta la isla de Lembogan.

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Creo que lo hacemos con ‘The waka expecience

Tardamos una o dos horas (no recuerdo bien) en llegar a la isla. Pero mientras podemos tomar el sol, beber algo o picar fruta fresca.

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Llegamos a la isla. El agua es de un azul muy claro por el coral y hay bastantes olas.

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Este año me había dado por el surf. En Mayo fui a hacer un surfcamp en Cantabria y cuando supe que venía a Bali me moría por coger una tabla.

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Aunque como de costumbre, mi cabezonería algún día me va a salir cara.

Alquilé una tabla de surf, y un bote me llevó hasta la zona donde había olas.

No tengo fotos, pues fui sola, pero… ¡Conseguí surfear una ola! ¡En Bali! eso para mi es un logro desbloqueado.

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Pero claro, estábamos en una zona con mogollón de coral. Y encima estaba muy alto. Por lo que una de las veces me arrastró una ola (menos mal que iba sujeta a la tabla) y arrastré las rodillas por todo el coral. ¡Qué dolor!

Ahí, di por finalizada mi sesión de surf.

Pero al menos, me quité la espinita.

Cuando llegué la gente tomaba el sol, o se bañaba en la piscina.

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Comimos y volvimos al catamarán de vuelta.

Al llegar a la habitación del hotel, nos habían dejado en las habitaciones una tela de color y una nota que decía que esta noche nos íbamos a vestir con trajes típicos.

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En el hall del hotel, unas mujeres nos ayudaron a ponernos el “Sarong” a modo de falda.

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No sabíamos a donde íbamos, era una sorpresa. ¡Y que sorpresa!

Nos llevaron al pueblo de Belayu.

Todo el pueblo. Mujeres, hombres, niños… desfilaban ante nosotros como si de un carnaval se tratara.

Seguimos el desfile hasta que llegamos al templo o casa real, donde más gente nos hizo representaciones de música y baile.

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Cuando terminaron, aparecieron los reyes de ese pequeño pueblo a recibirnos.

Nos acompañaron hasta el jardín del palacio, donde todo estaba decorado como si fuera una boda.

 

La cena era un buffet y los reyes comieron con nosotros mientras disfrutábamos de más bailes y representaciones típicas.

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¡Una pa-sa-da!

Hasta hubo tiempo de hacerse foto con ‘la realeza’

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Fue una experiencia alucinante. Qué manera tan bonita de terminar el viaje.

DÍA 6: VUELTA A CASA

Como no, todo lo bueno acaba.

Hoy toca hacer las maletas, hacer unas compras de última hora y desayunar antes de ir hasta el aeropuerto.

Nos esperan muchas horas de viaje (una más que a la ida). ¡No quiero volver!

Pero una cosa es segura. Viajar es lo mejor que hay.

Siempre he deseado viajar, pero después de esta experiencia os puedo asegurar que tenía claro cual iba a ser mi prioridad a partir de ahora.

 

AGENCIA THAI DREAMS

Viajeros, para los que estén planeando viajes y querréis vivir una experiencia así, sin tener que estar planeando nada.

Esta agencia no solo planifica incentivos de empresa, si no que también organiza viajes.

Laura y Miguel son un encanto de pareja, y organizan todo realmente bien, así os dejo su web y su contacto.

http://www.viajesthaidreams.es/

Telf: 91 811 74 36

 

¿FIN DE LA HISTORIA?

¿Qué diríais si os dijera, que a los dos meses de volver, Vodafone volvió a sacar otro incentivo de empresa y que volví a irme ¡otra vez! de viaje con todos los gastos pagados? ¿Os lo creeríais?

Os lo cuento en el próximo post: Mi experiencia VIP en ¡Nueva York!

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