Hoy al despertar hemos visto que hacía sol y hemos decidido hacer una ruta. Vamos a ir a ver el Glaciar de Bossons.
Preparamos todo, salimos con la furgo y… ¡Pum! ¿Qué narices ha sido eso?
¡No nos lo podemos creer! ¡nos hemos dejado el maletero abierto! ¿En serio?
Y lo peor de todo no es eso. Si visteis la camperización de nuestra furgo, sabéis que para que el maletero se mantuviera abierto con el peso de las bicis, teníamos dos barras metálicas en las barras del portón. ¡Pues se han ido a la mierda! y con ellas… la barra amortiguadora de uno de los lados… No salimos de una y ya estamos en otra, ¿¡cómo se puede ser taaan torpe!?
En fin, nos lo tomamos con un poco de filosofía y no paramos los planes. Nos vamos de ruta.
No sé si alguno de vosotros hace senderismo y si os pasa lo mismo, pero cuando vamos por la montaña… todos los males se pasan. Es una sensación de tranquilidad y bienestar que nos sentimos en otros sitios.
Una vez más, con el tema de fotos, vídeos… tardamos mucho más en llegar a los sitios.
Para ver el glaciar hay dos puntos de vista pero, cuando estábamos llegando al segundo, un chico nos dijo que si seguíamos otros 20 minutos hay otro mirados desde que el que se ve el glaciar mucho más cerca.
Así que le hacemos caso. No son 20 minutos, son más y ese tramo es algo más “complicado” pues el camino es menos visible y está muy cuesta arriba, pero conseguimos llegar.
Y chicos… es una pasada. Merece la pena subir.
En cuanto terminamos de hacer fotos y grabar, empezaron a sonar truenos y ¡chaparrón! con granizo incluido. ¡Qué manera de llover!
El camino de vuelta se hace largo. Yo llevaba un chubasquero que creía que era mejor y no… iba calada hasta los huesos. Lo pasé mal. Menos mal que Samuel me dejó un rato su chaqueta y entré un poco en calor.
Nada más llegar nos pusimos algo de ropa seca y fuimos a comprar algo de comer, que ya eran más de las seis y no habíamos comido nada desde las 9.
Toca descansar.